¿Por qué no me gusta el anuncio de la Lotería de Navidad?

Mucho se está hablando del último anuncio que Loterías y Apuestas del Estado ha lanzado para el mayor evento del año, la Lotería de Navidad. Por lo general, las críticas son buenas, lo cual no me sorprende. Es una pieza que trata de tocar la fibra de la gente en aquello que más le duele en estos momentos; la pobreza, el paro, el sentirse excluido, la vergüenza de no poder sacar a tu familia adelante. Pero la historia tiene un final feliz, el amigo del bar, ese pequeño empresario que a pesar de estar pasándolas igual de putas se acuerda de su cliente de toda la vida, ese que ya no tiene dinero ni para ir a tomarse un café.

Muy bien, todos a llorar. Pero de lo que se trata es de vender décimos, ¿o no?

Supongamos que a Loterías no le preocupa incentivar la compra puesto que es un producto muy consolidado, con un comprador fiel, pasa lo que pase. En este caso, el objetivo fundamental es de posicionamiento. ¿Y dónde se coloca Loterías? Pues en un terreno pantanoso, pues el posicionamiento de antaño centrado en la ilusión se ve desbordado por la desesperación y la tristeza. Si suponemos que el objetivo es incentivar la demanda el argumento es el mismo.

Existen diferentes tipos de emociones que podemos evocar en nuestra publicidad, pero siempre debemos de huir de la tristeza, de la pena, pues ese tipo de emotividad no motiva comportamientos en el individuo, sino todo lo contrario, nos apaga. La campaña de Lotería es deprimente y aunque sigue la estela de otras marcas que llevan usando la crisis económica como fondo de sus historias lo hace de una forma equivocada. Este tipo de mensajes es mejor transmitirlos con humor (como lo ha hecho Campofrío) o apelando a la ira (como hace Podemos) que son emociones que sí activan nuestra mente y nos llevan a hacer cosas, y no a quedarnos en el sofá pensando en que mierda de vida.

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