El sexo de las marcas

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Foto: moontan en Flickr

Hace algo más de siete años conocí en Madrid a una chica preciosa. Tenía la piel color cobalto, brillante; era esbelta e inteligente. El problema es que estaba enrollada con un conocido que, además, iba a ser mi jefe. A pesar de ello, al poco tiempo conocí a otra chica, prima de la anterior, de la que me enamoré al primer momento. Aunque hablaba inglés enseguida nos entendimos y nuestra relación duró varios años, pasados los cuales y, tras otra relación satisfactoria, conocí a la que hoy es mi esposa.

La conocí en el Fnac de la calle Coso de Zaragoza, aunque había oído hablar de ella mucho antes. De hecho, iba con el objetivo premeditado de hacerla mía. No tardamos ni un par de días en acostumbrarnos el uno al otro. Durante años (unos tres en estos momentos) ella me ha dado todo lo que podía esperar de una relación como ésta. Nunca me ha puesto mala cara, siempre ha estado dispuesta a trabajar de la forma que a mí más me convenía. En definitiva, un encanto. Sin embargo, he de reconocer que le he sido infiel en los últimos meses con un par de chicas asiáticas. La relación se había vuelto monótona y no valoraba lo que me estaba dando. Gracias a Dios, ella me ha perdonado. He vuelto. Nunca más dejaré de valorar lo que tengo. O eso espero.

Bien, no es que me haya vuelto más loco de lo estoy. La historia de arriba es, a grandes rasgos, la historia de mi relación con la marca Palm o más concretamente con los productos de la marca Palm, Handspring, Toshiba y HTC. ¿Os habéis preguntado alguna vez el tipo de sexo que tiene una marca o los lazos afectivos que llegáis a desarrollar con ellas?

Al igual que sucede en las relaciones humanas, las personas podemos mantener relaciones intensas con marcas y productos. Con el paso del tiempo nuestra mente va asociando los momentos buenos y malos de nuestra vida a ciertas marcas, de tal manera que esas marcas adquieren una personalidad que es única a nuestros ojos. Pensemos en el primer automóvil. A todos nos ha costado desprendernos de él, no porque funcionará bien o nos supusiera un esfuerzo económico importante conseguirlo, sino porque estaba asociado a nuestra juventud, a los primeros amores, a la libertad de hacer lo que queríamos. Al final, el producto se convierte en un objeto al que queremos y protegemos.

Podemos plantear diferentes fases en esta relación amor-oído entre las marcas, aunque antes es importante señalar que la afectividad se puede desarrollar bien hacia la marca X, bien hacia el producto concreto de la marca X que poseemos, o bien hacia las dos cosas. La primera fase en esta relación se produce cuando la marca X alcalza suficiente notoriedad como para que nos demos cuenta de que existe o bien porque nuestra necesidad nos hacer llevar acabo una búsqueda activa y nos topamos con la marca X. A partir de ahí, se produce un flirteo en el que pueden participar otras personas (vendedores, publicidad) que tratan de que quedemos a cenar por primera vez. Luego, si las cosas salen bien y el producto responde a nuestras necesidades la relación se afianza y se alarga en el tiempo. Es este periodo de tiempo cuando nuestras vivencias quedan asociadas a la marca. Sin darnos cuenta algo intangible como una marca o tangible como un producto adquiere una personalidad. Y la amamos (estamos fidelizados). Y como la amamos la protegemos de aquellos que usan otras marcas. Y como la amamos la queremos para nosotros sólos (en el caso de un producto que no se presta a nadie) o intentamos que sólo personas de fiar puedan acceder a ella (en el caso de marcas y la creación de brand communities). Por supuesto la relación puede terminar si la marca es infiel a sus principios o deja de satisfacer nuestras necesidades, pero una vez que estamos fidelizados no es fácil romper la relación a pesar de que el producto-marca pueda fallar en algún momento (a pesar de que haya chicas más jóvenes y guapas en el mercado).

La pregunta que surge es cómo podemos gestionar o animar este proceso. ¿Cómo podemos llegar a conseguir que los clientes se “casen” con nuestra marca? No es una cuestión fácil y, desde luego, no es un aspecto que pueda alcanzarse a corto plazo. Podemos dar varias recomendaciones:

  • En un primer momento debemos de analizar las necesidades de nuestros clientes, tanto a corto plazo como aquellas necesidades que puedan generarse en el futuro. De esta forma nuestra marca será capaz de satisfacer al cliente durante el tiempo suficiente como para que surgan verdaderos lazos afectivos.
  • Una vez desarrollado y testado el producto debemos de darle notoriedad para conseguir la primera cita (la primera compra).
  • Tras esa primera compra debemos asegurarnos de que el producto satisface las expectativas del cliente y que con el tiempo se va adaptando a los cambios de las mismas.
  • Asimismo, debemos de transmitir confianza, siendo sinceros con nuestros errores, ayudando al cliente aún a costa de perder algo de dinero, mejorando las prestaciones del producto, etc.

El resultado final ha de ser un cliente enamorado y esto quiere decir que se siente a gusto con la relación que mantiene con la marca y que por eso se esforzará en que se mantenga. En ese momento tendremos un cliente fiel, pero también un defensor de la marca y un prescriptor de la misma. Pero cuidado, como apuntaba anteriormente en estas relaciones hay engaños, celos, separaciones y divorcios…bueno y hasta nacimientos (extensiones de marca).

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