Los límites de la co-creación

Foto: julianrod en Flickr

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Cuentan que Steve Jobs no era precisamente un amante de la investigación de mercados. Según aquellos que le conocían Steve contaba que era suficiente con dar un producto a un niño para saber si iba a funcionar. Las re-invenciones que Apple lanzó de productos como los reproductores mp3, los smartphones o las tabletas se basaron fundamentalmente en la visión de una persona fuera de lo común. Ello no quiere decir que Apple dejara de lado a sus fans (perdón por hablar en pasado, mi personalidad androide me puede), pero desde luego no los tenía muy en cuenta en el diseño de los nuevos productos, sino sobre todo en el desarrollo de comunidades de marca que hicieran sentir especial a sus clientes, bien en foros online o en las propias Apple Stores.

Según un reciente estudio de Gustafsson et al. (2012), Steve sabía lo que hacía. Estos investigadores han demostrado hasta qué punto es interesante involucrar a los clientes en el proceso de innovación, lo que se conoce como co-creación. Los resultados ponen de manifiesto que escuchar los requerimientos concretos de los clientes no funciona cuando estamos diseñando una gran innovación, sí cuando estamos realizando pequeñas mejoras en productos pre-existentes. La razón parece descansar, y esto no es la primera vez que lo oigo, en que los consumidores no somos capaces de imaginarnos productos completamente nuevos. Funcionamos con expectativas creadas a partir de la experiencia, y si el producto es algo completamente nuevo difícilmente podremos crearnos expectativa alguna.

Estos resultados no invalidan la co-creación, pero si le pone límites. Debemos escuchar a los clientes por supuesto, pero también hemos de ser conscientes de que en ocasiones el cliente no es capaz de ofrecernos información útil cuando se trata de un producto o servicio del que no se tiene referencia alguna.

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