¿Por qué no hay confianza en los políticos?

bebe y mono desconfiando mutuamente

Imagen: Janette Lewis en Pinterest.

Acaban de decir en un informativo televisivo que vivimos inmersos en una crisis de confianza. No es algo nuevo. Es una cantinela en la que medios y políticos llevan insistiendo desde el comienzo de la crisis. La pregunta que me planteo es si se está haciendo algo para recuperar la confianza, y más concretamente, la confianza en el político pues, nos guste o no, políticos van a existir siempre pues son indudablemente necesarios.

Desde un punto de vista del comportamiento humano confiar o no en otra persona depende de tres factores fundamentales:

  1. Honestidad: confiamos en una persona en la medida en que ésta es sincera con nosotros y cumple las promesas que nos hace. Si analizamos la situación actual lo cierto es que los políticos nos mienten al encubrir los escándalos de corrupción en el seno de sus partidos. Además, incumplen las promesas que nos hacen, por ejemplo aquellas que fueron realizadas en su programa electoral o que van implícitas en su ideario político básico.
  2. Benevolencia: además de buscar personas honestas, también demandamos que la otra persona actúa con buena fe. Así, el político debería mostrar un comportamiento no oportunista y que busque el beneficio conjunto (que sus objetivos y los nuestros sean compatibles). Decir que la clase política actúan con mala fe es mucho decir. No creo que sea así en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, lo que importa no es tanto lo que uno sea sino lo que parezca, dado que evaluamos en base a nuestras percepciones. Una vez más, la percepción del ciudadano no es que el político tenga unos objetivos compatibles con los nuestros y no aproveche su situación privilegiada, sino todo lo contrario.
  3. Competencia: finalmente, confiamos en aquellas personas que además de ser honestos y actuar con buena fe, tengan las habilidades suficientes como para desempeñar las responsabilidades que han asumido con nosotros. Por ejemplo, no confiaremos en un profesional médico sin titulación a pesar de que sea muy transparente con nosotros y tenga buena fe. ¿Son competentes nuestros políticos? Bien, hace pocos días se comentaba que eran muy pocos los diputados que tenían titulación universitaria. Creo que con eso está dicho todo.

A tenor de las argumentaciones anteriores vemos que la recuperación de la confianza en la clase política es ciertamente compleja. Por un lado es necesaria una estrategia de comunicación mucho más transparente y que el político asuma sus errores sin dilación, al igual que ocurre en otros países. Por ejemplo, en el ámbito anglosajón la mentira, o la mera sospecha, es causa de dimisión inmediata (recordemos a Clinton sin ir más lejos). En España, sin embargo, nadie dimite. Nadie asume su responsabilidad, no sólo con una sospecha, sino incluso cuando han sido imputados por un juez. En segundo lugar, dudamos muy seriamente de la competencia del político, y eso no se soluciona mandando a los diputados a aprender inglés a una academia. Se precisa una regeneración que depure los partidos de “políticos profesionales” y ponga al frente a personas con compromiso e ideas, pero también con un fondo intelectual para defenderlas.

Finalmente quiero destacar la situación moral en la que nos encontramos. La moral, o más bien el nivel de moralidad que cada uno de nosotros consideramos aceptable, es una guía en nuestras actitudes y comportamientos. Si vivimos en una sociedad donde se empale a los homosexuales consideraremos que ese tipo de actuaciones son perfectamente morales y actuaremos en consecuencia. El problema en los países occidentales es que la clase política muestra un estándar moral muy bajo y eso puede llevar a sus votantes o seguidores a bajar también su nivel de equilibrio moral. Y esta es una situación muy peligrosa pues puede llevar a la sociedad en su conjunto a un estadio moral difícilmente recuperable.

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