Criptomonedas como medio de pago: de promesa especulativa a infraestructura emergente

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Un tema recurrente en mis líneas de investigación en los últimos años son los medios de pago. Recientemente, publiqué un interesante paper sobre Bitcoin y, un poco antes, otro trabajo sobre Bizum. En estos momentos, sigo inmerso en criptomonedas como medio de pago, pues creo que es una alternativa muy viable a corto plazo y de la que poco o nada se habla.

Durante años, las criptomonedas han estado asociadas sobre todo a la inversión, la especulación y la volatilidad. Bitcoin, Ethereum o Solana han ocupado titulares por sus subidas y caídas de precio, no tanto por su uso cotidiano para pagar un café, una suscripción o una factura internacional. Sin embargo, bajo esa superficie más visible está ocurriendo algo relevante: las criptomonedas, y muy especialmente las stablecoins, están ganando terreno como medio de pago en determinados contextos.

No conviene exagerar. Las criptomonedas siguen representando una parte pequeña del comercio electrónico global. Pero los datos muestran una tendencia clara:; su uso como herramienta de pago crece, se profesionaliza y empieza a encontrar casos de uso donde ofrece ventajas frente a los sistemas tradicionales.

Un mercado todavía pequeño, pero ya medible

Según el informe de Statista Cryptocurrency/stablecoin payments, las criptomonedas representaron en 2025 unos 15.200 millones de dólares en transacciones de comercio electrónico, equivalentes al 0,2% del valor global del e-commerce. Es una cuota diminuta si se compara con los monederos digitales, que alcanzaron el 56%, o con las tarjetas de crédito, con el 20%. Pero el dato importante es que las criptomonedas ya aparecen como una categoría diferenciada dentro del mapa global de medios de pago.

Ese mismo informe apunta que el mercado de pagos B2C con criptomonedas seguirá creciendo, aunque previsiblemente por debajo del 0,5% del valor global del comercio electrónico en los próximos años. La lectura correcta, por tanto, no es que las criptomonedas estén a punto de sustituir a Visa, Mastercard o PayPal. La lectura más interesante es que están pasando de ser una tecnología marginal a formar parte del repertorio real de opciones de pago.

La clave no está solo en Bitcoin, sino en las stablecoins

Cuando se habla de pagar con cripto, muchas personas piensan automáticamente en Bitcoin. Pero para pagos cotidianos, el protagonista más prometedor son las stablecoins, esto es, criptoactivos diseñados para mantener un valor estable, normalmente vinculado al dólar u otra moneda fiduciaria.

La razón es sencilla. Nadie quiere cobrar hoy una cantidad que mañana pueda valer un 10% menos. Esa volatilidad ha limitado durante años el uso de criptomonedas tradicionales como medio de pago. Las stablecoins reducen ese problema al funcionar como “dólares digitales” que se pueden mover sobre redes blockchain.

El propio ecosistema de pagos tradicional está prestando atención a este fenómeno. En su análisis sobre stablecoins y finanzas on-chain, Visa señala que el volumen total de stablecoins en los últimos doce meses alcanzó los 33 billones de dólares, aunque advierte que una parte significativa de ese volumen no equivale a pagos tradicionales, sino a actividad de trading, operaciones automatizadas o movimientos internos entre plataformas. Aun con esa cautela, el tamaño del fenómeno es difícil de ignorar.

Por su parte, JPMorgan estimaba en 2025 que el mercado global de stablecoins podría duplicarse, desde 250.000 millones de dólares en 2025 hasta 500.000 millones en 2028. Otras previsiones son más ambiciosas, pero incluso las más prudentes apuntan a un crecimiento sostenido.

También es cierto y no es un tema menor que el uso de stablecoins puede verse frenado por la propia filosofía libertaria del ecosistema de las criptomonedas. Pero esa es otra cuestión de la que quizá hablemos más adelante.

El comercio empieza a aceptar pagos cripto

La adopción por parte de los comercios sigue siendo desigual. En noviembre de 2024, la aceptación de criptomonedas entre comercios electrónicos no superaba el 15% en ninguna región analizada, según Statista. Eso confirma que todavía estamos lejos de una adopción masiva. Pero también muestra que existe una base inicial de aceptación, especialmente en determinados mercados y segmentos.

Otro dato significativo procede de Salesforce Research, recogido por Statista: en enero de 2024, el 30% de los vendedores de e-commerce encuestados en 20 países afirmaba aceptar criptomonedas. En algunos mercados, los porcentajes eran superiores: Irlanda alcanzaba el 44%, Nueva Zelanda el 40%, Estados Unidos el 37%, Países Bajos y Singapur el 35%, y Canadá el 33%.

Estas cifras deben interpretarse con prudencia, porque no significan que el 30% de todas las compras se paguen con cripto. Significan que un número creciente de comercios está incorporando esta opción a su arquitectura de pagos, del mismo modo que en su día incorporaron PayPal, Bizum, Apple Pay o los pagos aplazados.

Los pagos transfronterizos son el caso de uso más claro

El ámbito donde las criptomonedas tienen una propuesta de valor más evidente es el pago internacional. Enviar dinero entre países sigue siendo, en muchos casos, caro, lento y dependiente de intermediarios. Las criptomonedas permiten transferencias casi inmediatas, disponibles 24/7 y con menos fricción operativa.

El informe de Statista muestra volúmenes transfronterizos muy relevantes. Entre el tercer trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2024, Estados Unidos envió 98.100 millones de dólares en USDT y recibió 92.500 millones. Turquía, Rusia, Vietnam y Reino Unido también aparecen entre los principales mercados para flujos internacionales de Tether.

Los consumidores todavía las usan poco, pero ya hay patrones claros

En Estados Unidos, la inversión pesa mucho más que el pago. Según el informe de la Reserva Federal sobre el bienestar económico de los hogares estadounidenses en 2024, el 7% de los adultos compró o mantuvo criptomonedas como inversión, mientras que solo el 2% las utilizó para realizar una transacción financiera, ya fuera comprar algo, hacer un pago o enviar dinero a familiares o amigos.

El dato puede parecer modesto, pero es relevante porque identifica un uso real, no meramente especulativo. Además, entre quienes utilizan cripto para pagos, la razón más citada en Estados Unidos es que el receptor prefería ese método, seguida por la velocidad de la transacción, según datos de la propia Reserva Federal recogidos por Statista.

En Europa, el Banco Central Europeo confirma una imagen parecida: las criptomonedas se usan más como inversión que como medio de pago. Su estudio SPACE 2024 sobre los hábitos de pago en la zona euro muestra que los pagos digitales siguen ganando terreno, pero las criptomonedas aún ocupan un espacio reducido dentro de los hábitos cotidianos de pago.

No todos los sectores avanzan al mismo ritmo

Los pagos con cripto se concentran en sectores muy concretos. Según datos de BitPay recogidos por Statista, en mayo de 2026 las categorías con más peso en pagos procesados incluían VPN/hosting, juegos de ordenador, servicios de internet, tarjetas prepago o regalo y metales preciosos.

Esto sugiere que la adopción avanza primero allí donde el cliente ya es digital, internacional y relativamente familiarizado con la tecnología. No es casualidad que servicios online, gaming, hosting o tarjetas regalo aparezcan entre los usos más frecuentes. Son entornos donde el pago transfronterizo, la rapidez y la disponibilidad global tienen más valor que en una tienda física tradicional.

Por qué crece el interés empresarial

Para un comercio, aceptar criptomonedas puede tener varias motivaciones:

  • Captar a usuarios que ya poseen criptoactivos y quieren gastarlos.
  • Posicionarse como marca innovadora.
  • Reducir fricciones en pagos internacionales o en mercados donde el acceso a tarjetas y banca tradicional es limitado.

Además, la infraestructura ha mejorado. Antes, aceptar Bitcoin implicaba asumir volatilidad, complejidad técnica y riesgos contables. Hoy existen pasarelas que convierten automáticamente el pago cripto a moneda fiduciaria, reduciendo la exposición del comerciante. BitPay, por ejemplo, actúa como intermediario: el cliente paga con cripto y el comercio puede recibir dólares u otra divisa.

Esta capa de intermediación acerca las criptomonedas al funcionamiento de los medios de pago tradicionales. El usuario percibe innovación; el comercio busca estabilidad y conciliación contable.

El freno principal: confianza, regulación y experiencia de usuario

El crecimiento no elimina los problemas. Las criptomonedas siguen enfrentándose a barreras importantes: volatilidad en los activos no estables, riesgo de fraude, complejidad de uso, incertidumbre regulatoria y protección limitada del consumidor.

Un análisis de la Reserva Federal de Kansas City sobre el uso de criptomonedas para pagos en Estados Unidos señalaba que la proporción de consumidores estadounidenses que usaban criptomonedas para pagos cayó desde casi el 3% en 2021 y 2022 hasta menos del 2% en 2023 y 2024. Es decir, la tendencia no es lineal ni homogénea.

También hay riesgos de seguridad. Statista recoge que las pérdidas por fraude asociadas a criptomonedas siguen siendo relevantes, y el ecosistema ha sufrido robos, estafas y vulnerabilidades significativas.

Por eso, el futuro de los pagos cripto dependerá menos del entusiasmo tecnológico y más de cuestiones prácticas, como una regulación clara, mejores interfaces, protección del consumidor, cumplimiento normativo y reducción de costes reales frente a alternativas ya existentes.

Una adopción selectiva, no una sustitución total

Los datos no apuntan a un reemplazo inmediato del dinero tradicional ni de las tarjetas. Más bien sugieren una adopción selectiva. Las criptomonedas pueden ser poco relevantes para pagar el supermercado en Zaragoza, pero mucho más interesantes para un freelance que cobra de clientes internacionales, una empresa que liquida operaciones en varios países o un usuario en una economía con inflación elevada y restricciones cambiarias.

El Índice Global de Adopción Cripto 2025 de Chainalysis sitúa a India en primer lugar, seguida de Estados Unidos, Pakistán, Vietnam y Brasil. Esto muestra que el fenómeno no se limita a nichos tecnológicos ni a mercados emergentes: combina economías con necesidades financieras muy distintas, desde mercados con alta digitalización hasta países donde las criptomonedas ofrecen una alternativa práctica frente a sistemas financieros menos eficientes.

La clave está en entender que “pagar con cripto” no es una única realidad. Puede significar pagar con Bitcoin, usar una tarjeta respaldada por criptomonedas, enviar USDT a otro país, cobrar una factura en USDC o comprar una tarjeta regalo con saldo cripto. Cada caso tiene incentivos, riesgos y niveles de adopción distintos.


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