
La dimisión de un investigador de Anthropic ha reabierto el debate sobre el riesgo existencial de la IA. Su advertencia merece atención, pero no demuestra que la humanidad vaya a desaparecer antes de 2030. La cuestión relevante es qué revela sobre la tecnología, sus riesgos y los incentivos de quienes la desarrollan.

La UE exige mecanismos para identificar contenidos generados por inteligencia artificial, pero las watermarks plantean importantes problemas técnicos y conceptuales. Su fragilidad, facilidad de eliminación y posible generación de una falsa sensación de autenticidad cuestionan hasta qué punto son una solución eficaz.